Las personas en nuestra adaptación al mundo necesitamos ajustes constantes. Para que estos ajustes se expresen y aparezcan los cambios, necesitamos tomar conciencia de nuestras propias necesidades y cómo las podemos llegar a bloquear. Necesitamos reaprender a escucharnos y necesitamos buscar vías óptimas para poderlas cubrir.

Aunque nos concentremos en nuestra actitud presente, no negamos que hay asuntos de nuestro pasado que son importantes y requieren la atención debida. En varios momentos de nuestra vida, especialmente cuando fuimos niños, descubrimos situaciones en las que éramos incapaces de reconocer y expresar alguna parte de nosotros mismos.

Un ejemplo sería cuando lo padres no toleran que sus hijos expresen su enfado o su tristeza abiertamente. Si sus padres tienen la costumbre de desaprobar estas emociones, esta represión se hace habitual e inconsciente. En niño o la niña, es incapaz de rebelarse contra ellos por miedo a perder su amor y apoyo. La amenaza de rechazo y la angustia que produce condiciona directamente la relación.

Nuestras reacciones se vuelven hábitos e interactuamos con las personas con quienes convivimos sobre la base de las interacciones tempranas con nuestras figuras más significativas. Al crecer, tal comportamiento es inapropiado y constituye un impedimento para una buena comunicación entre nosotros y la gente a la que queremos.

Una forma para manejar este tipo de situaciones es la de alentarnos a investigar cómo continuamos reprimiéndonos en lugar de ahondar dentro de nuestro pasado para tratar de descubrir por qué aprendimos a comportarnos de esta manera.

Necesitamos actualizarnos en el presente con nuevas formas de vinculación afectiva, y así no seguir viviendo en el pasado. Para ello, requiere que nuestra movilización a la acción tenga más peso que la prudencia, para poder afrontar una situación nueva.

En la Terapia, podemos mirar juntos estos asuntos sin resolver. Hay sentimientos que están estancados y necesitan ser expresados en el momento presente, en un lugar seguro. Para vivir en el presente necesitamos descubrir cómo todavía estamos atados a modelos antiguos y descubrir los recursos que tenemos como adultos, para hacer posible el cambio.

Sólo haciendo frente a estos asuntos inconclusos se puede llegar a la compasión y perdón necesarias para la consecuente liberación de energía creativa que facilite el manejo de los temas más actuales.

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